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  Revista Electronica Febrero 2004.
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LEYENDO EL GRAN MANDALA

Por Victoria por Mª Teresa Rodriguez

LOS ELEMENTOS

El tema natal, lo que llamamos carta astrológica, es un gran mandala que encierra muchos secretos de nuestra vida. Hay que aprender a descifrarlos con cuidado porque su lectura es compleja e implica muchos matices. Por supuesto que un ser humano recibe en el momento de su nacimiento una serie de condicionamientos que, van a influir poderosamente en su desarrollo ulterior: sexo, familia, situación económica, educación, patria, cultura, momento histórico, etc. Pero ese punto de luz que es la conciencia nace al mundo en un momento preciso de la marcha de nuestro sistema solar, y en un lugar determinado, y esa poderosa circunstancia incide en el destino de esa criatura humana con gran fuerza.

Trataremos de desentrañando los ingredientes que componen un tema natal para dar una comprensión en profundidad de lo que significa un horóscopo personal.

La primera nota a considerar es el Elemento a que corresponde el signo solar. Siendo el Sol el astro más importante de la carta natal, su situación en la rueda del Zodíaco es el punto de la partida de la interpretación. El Elemento confiere a la personalidad, al comportamiento, a su capacidad de amar y relacionarse, a su salud, incluso a su destino, una serie de características muy especiales.

Pero también hay que tener en cuenta el Elemento del Ascendente, de la Luna y la distribución de los otros astros, y, naturalmente, el acúmulo de planeta en otro Elemento distinto al del signo solar, cosa que matizaría en profundidad lo que pudiéramos decir de éste último.

Los elementos aparecen en todas las Cosmologías antiguas, como partes y constitutivos simples de toda la realidad. Forman parte de una gran tradición de conocimientos que encontramos lo mismo en China, que en la India, que en Tibet, que en Sumeria o en Grecia. La Tierra el Agua, el Aire y el Fuego forman la base de una Filosofía Primera que se ve reflejada en las doctrinas astrológicas que nacieron a la par de ella.

Una química primitiva y elemental llevó a los primeros filósofos a considerar los distintos aspectos en que se presenta la realidad material: sólida, líquida, gaseosa y la combustión, como posibilidad de transmutación súbita y violenta. Entendían estas energías elementales como algo total, como la base explicativa del misterio de la vida, del oculto vínculo que une la conciencia y la materia. Así, para la medicina ayurvédica, el Fuego es el principio calórico que dinamiza el sistema circulatorio, da luz a los ojos y calor al cerebro, al corazón y a los músculos. El Aire activa los pulmones, la inteligencia y la habilidad de las manos. El Agua suaviza, enfría o caliente, nutre los tejidos, activa las glándulas secretoras. La Tierra da la solidez, la forma física, preside la asimilación y la eliminación. En cuanto a la Astrología occidental, de la que nos ocupamos ahora, ha tratado de superar esta tradición cosmológica de los Elementos dando una explicación antropológica de la misma.

Algunos filósofos actuales han visto en los cuatro Elementos una clasificación cuatripartita de los productos de la imaginación. Pero lo más llamativo son los recientes estudios de la actividad solar. El conocimiento de los cambios magnéticos del Astro Rey nos descubre algo sorprendente. Parece ser que el Sol cambia cada mes su tipo de radiación y que tiene cuatro tipos fundamentales de actividad que se suceden siempre en el mismo orden, tres veces a lo largo del año, tal como la tradición astrológica nos había enseñado. Aries, Fuego. Tauro, Tierra. Géminis, Aire. Cáncer, Agua. Leo, Fuego. Virgo, Tierra. Libra, Aire. Escorpio, Agua. Sagitario, Fuego. Capricornio, Tierra. Acuario, Aire. Piscis, Agua.

Así que la sacrosanta ciencia experimental viene a corroborar la existencia de algo que permite entender la existencia de los cuatro Elementos desde otro punto de vista. Una duda que puede surgir en este punto es la existencia de cinco Elementos en otras astrologías, la china o la tibetana, por ejemplo. A esto tenemos que responder que también en la tradición griega, que es la nuestra, hay un quinto Elemento, la "quintaesencia", que tiene las mismas características que el "espacio" tibetano.

Nos referimos al éter del que hablaba Aristóteles o al espacio de Plantón, en el Timo. Pero en ambos casos, este quinto Elemento está en otro plano distinto al de los cuatro constitutivos de la realidad material. Es el ámbito o la "nodriza" donde se desarrolla la labor de los otros cuatro. Veamos ahora como influyen los Elementos en la carta astral.

Los cuatro Elementos simbolizan distintas maneras de enfrentarse y metalizar la experiencia, allá donde se pone el punto de encaje de la conciencia. El Elemento Fuego simboliza las aspiraciones, los ideales, el yo más exaltado.

Las personas de Fuego son impulsivas, no deliberan previamente sus acciones. Responden a los obstáculos y la provocación con gran intensidad, haciendo exhibición de fuerza y de arrojo. Son inquietos, víctimas de un deseo de actuar a toda costa. Pueden ser bruscos, toscos y poco discretos en su trato con la gente. Necesitan ejercicio físico y acción en la que verter su gran potencialidad. Sus cóleras son fulgurantes, pero pasan pronto y sin dejar rastro.

La Tierra es lenta, práctica, precisa, exacta. Busca la utilidad. El Yo se centra sobre la vida cotidiana, los quehaceres, las ganancias. La imaginación es poco viva. Pueden tener un interés obsesivo por los resultados materiales y dar poco énfasis a los ideales y los planteamientos teóricos. Son fuertes y eficaces. Golpean los obstáculos con fuerza y tenacidad, son pacientes e insistentes. En cuanto a los afectos, pueden tener dificultades para expresarse. Sus iras son lentas en gestarse pero contundentes cuando estallan. Pueden ser rencorosos. Son fieles y persistentes en sus sentimientos, posesivos y celosos.

Los nativos de Aire viven en sus pensamientos, en un mundo totalmente mental. Su inteligencia es superactiva, siempre en movimiento. Se alimentan de información y novedades, su enemigo mortal es el aburrimiento y la rutina. La imaginación y la capacidad crítica con excelentes. Son brillantes conversadores y seducen con la fuerza dialéctica de su palabra, Su sistema nervioso es muy sensible, está siempre hiperactivado, necesitan momentos de reposo y mucho autocontrol. Dispersan su energía y, a pesar de sus grandes dotes intelectuales, obtienen pocos resultados por falta de propósito y continuidad. Sus afectos son tiernos. En amor se comportan como niños desvalidos.

Las personas que pertenecen al Elemento Agua ponen su yo en las emociones. Sus sentimientos son profundos. Sin impresionables, sensibles e intuitivos. Lentos y pacíficos (quizá Escorpio sea una excepción), desgastan lentamente los obstáculos que se les oponen, fluyen a su alrededor esperando que se disuelvan por sí mismos. Prefieren aguardar a las circunstancias, no les gusta provocarlas. El Agua es la energía que limpia y purifica, que nutre y calma. Suelen ser compasivos, excelentes amigos y fieles enamorados. Las profundidades de su alma pueden ser insondables y enigmáticas para otros signos. Tienden a la retención de líquidos y una lentitud de los procesos vitales.

© El espacio Asociación Lama Gangchen Son de Paz,(ONG) fué creado el 7 de Julio del 2003 y actualizado en Mayo 2007. El material que ofrecemos, tiene derechos de propiedad pero puede ser utilizarlo para uso personal, sin animo de lucro.Por favor especificar autor y la URL www.sondepaz.com. Amelia Lamaignere Badias es el webmastersondepaz Dedicamos el proyecto en beneficio de todos los seres 0M BISHUA SANTHI HUM