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  Revista Electronica Octubre 2005.
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DESPLEGAR LA ENERGÍA DEL CABALLO DEL VIENTO

 

La brillante energia viva que nos rodea

A través de la práctica del camino Shambhala del guerrero puedes aprender a desplegar y atraer energía positiva e irradiarla hacia los demás. Por medio de la práctica de la conciencia y del corazón triste y alegre, experimentarás sonidos, percepciones y energías a las que antes no eras sensible, además de una conexión más directa con el entorno y con los demás. Gracias a esta apertura y relajación puedes sintonizar con la reserva de energía viva que existe constantemente dentro de ti y a tu alrededor. En las enseñanzas de Shambhala, a esta energía viva se le llama el caballa del vienta y es la manifestación de la bondad básica. Es poderosa y digna como un caballo; fuerte, rápida e impredecible como el viento. Cuando sales del capullo puedes cabalgar esta energía, y si te sientes atascado dentro de él, conectar con el caballo del viento puede ayudarte a salir.


El viento representa la brillante energía viva que nos rodea y que está dentro de nosotros.Tiene un significado parecido al término chino chi. Según la Enciclopedia de filosofía y religión orientales, chi significa literalmente «aire, vapor, respiración, éter, energía». Es también un «concepto central dentro del Taoísmo y la medicina china. Según la visión taoísta, chi es la energía vital, la fuerza de vida, el espíritu cósmico que impregna y vivifica a todas las cosas, y por tanto es un sinónimo de la energía primordial». El uso del término viento» para simbolizar la energía de vida universal es común a muchos pueblos de de todo el mundo y sugiere que son fuerzas que normalmente sólo pueden ser observadas por sus efectos.
Los indios navajos creen que todos los objetos visibles del mundo tienen un aspecto invisible al que llaman la ”Gente Sagrada”: Existe la Gente de las Montañas, la Gente de las Estrellas, la Gente de los Ríos, la Gente de la Lluvia, la Gente del Maíz, etc. Esta Gente sagrada simboliza la conciencia dentro de todas las cosas, a la que los navajos llaman el < Viento sagrado» (nilch'i). En los humanos este aspecto sagrado es llamado «el Viento interior» (nilch'i hwü'sizüni). Según los navajos, estos «Vientos sagrados» no son diferentes; todos son parte del Viento Uno y la energía viva del Viento fluye dentro y fuera de los objetos aparentemente más sólidos.

El caballo representa el hecho de que los humanos pueden cabalgar la energía del viento. No es una idea meramente abstracta y filosófica o una creencia religiosa sentimental, sino una experiencia a la que podemos tener acceso. La gracia y el poder del caballo permitió a los pueblos primitivos viajar grandes distancias; era lo más parecido a volar antes de que se inventara el aeroplano. El caballo es un símbolo sagrado que según el Dorje Dradul representa « el sueño más atrevido que los seres humanos pudieran tener de atrapar un animal salvaje. Si los seres humanos querían capturar el viento, una nube, el cielo, si alguien quería cabalgar las montañas o bailar con las cascadas, todos estos deseos están incorporados en el símbolo del caballo».
Describiendo el caballo del viento, el Dorje Dradul dice:
Desplegar el caballo del viento [es] desplegar un viento de deleite y poder, y cabalgar sobre esa energía o conquistarla. Este viento puede venir con mucha fuerza, corno un tifón que arranca los árboles, destruye los edificios y levanta enormes olas en el agua. La experiencia personal de este viento se manifiesta en un sentimiento de estar completa y poderosamente en el presente. El aspecto caballo señala que, a pesar del poder de este gran viento, también sientes la estabilidad. Nunca te sientes alterado por el entusiasmo o la depresión. Puede cabalgar sobre la energía de tu vida. El caballo del viento no es exclusivamente movimiento y velocidad, también incluye la discriminación y el sentido práctico, un sentido natural de la propia habilidad.

La energía del caballo del viento es reconocida universalmente aunque reciba nombres diferentes. La conexión con el caballo del viento es la base del carisma. Muchas culturas hablan de esta energía. En árabe, por ejemplo, se le conoce como baraka, «es un tipo de carisma o electricidad espiritual porque es un poder que parece inundar de energía a quienes lo reciben, aunque vuelvan a sus vidas seglares y tareas mundanas».

Mihaly Csikszentmihalyi, antiguo presidente del departamento de psicología de la Universidad de Chicago, ha dedicado su vida a estudiar estas experiencias del caballo del viento, aunque el nombre que otorga a este momento es «experiencias óptimas» o experiencias de «flujo». Según relata la gente, durante estas experiencias sus vidas parecen estar llenas, al menos momentáneamente. Para realizar sus estudios, Csikszentmihalyi entrevistó a miles de personas normales y corrientes de todas las profesiones.

Una de las entrevistadas, de profesión bailarina, describió sus experiencias con el baile de esta forma: «Una gran relajación y calma se ciernen sobre mí. No me preocupa fracasar. ¡Es un sentimiento tremendamente cálido y poderoso! Quiero expandirme, abrazar el mundo.
Siento un tremendo poder para hacer cosas hermosas y bellas». Otra bailarina dijo: «Tu concentración es completa. La mente no divaga, no piensas en nada más; estás totalmente metida en lo que haces... Tu energía fluye con suavidad. Te sientes relajada, cómoda y llena de energía».

'Un escalador de rocas comentó: «Estás tan implicado en lo que estás haciendo que no piensas en ti mismo como un ser separado de la actividad inmediata». Otro escalador dijo: «Una de las cosas que buscas es la concentración mental absoluta. Puedes mezclar el ego con la escalada de muchas formas distintas y no es algo necesariamente iluminador. Pero cuando las cosas se hacen de manera automática, en cierto sentido el ego está ausente. De alguna forma se hace lo justo sin pensar en ello y sin hacer nada en absoluto... Simplemente ocurre. Y sin embargo estás más concentrado».


Estos comentarios captan las características del caballo del viento:
la sincronización de cuerpo y mente que hace que el pensamiento no esté separado de la acción; el sentimiento de relajación y calma combinado con una sensación de poder; la alegría y la calidez hacia los demás; y la pérdida del sentido de un yo contemplativo y aislado.


El trabajo de Csíkszentmihalyí demuestra que esos momentos de autenticidad del guerrero no son escasos ni se limitan a los más preparados, sino que ocurren en la vida de mucha gente. El hecho de que ocurran por casualidad o gracias al propio esfuerzo depende de nuestro entrenamiento. Csikszentmihalyi destaca que el elemento más importante para producir el «flujo» en la propia vida es la maestría de la conciencia:
Nuestra forma de sentirnos con nosotros mismos, la alegría de vivir, en último término depende de cómo nuestra mente filtra e interpreta nuestra experiencia de cada día. Ser feliz depende de nuestra armonía interna, no del control que podamos ejercer sobre las grandes fuerzas del universo. Ciertamente deberíamos seguir aprendiendo a dominar el entorno externo porque nuestra supervivencia fisica puede depender de ello, pero ese dominio no va a añadir un ápice a nuestro bienestar individual más allá del que desarrollamos al escuchar la musica de la guitarra o aprender a encender un fuego de campamento; la sabiduría viva se aprende directamente de otro ser humano. Sin embargo, si haces este ejercicio con la mente y el corazón abiertos te ayudará a desplegar el caballo del viento de manera directa y natural.

Desplegar el caballo del viento

La postura de rodillas, procedente de las tradiciones guerreras espirituales japonesas, ayuda a desplegar el caballo del viento. Siéntate sobre los talones, con los dedos de los pies contra el suelo, y descansa las palmas de las manos sobre la parte alta de los muslos manteniendo los codos hacia fuera. Si no puedes sentarte en esta postura, haz este ejercicio sobre un cojín de meditación o sobre una silla con el respaldo recto.

Antes de empezar a desplegar el caballo del viento, reconoce la sabiduría de la tradición de Shambhala su seriedad y poder, así como su humor y tu lugar dentro de esa tradición. Esta práctica no fue creada por el Dorje Dradul ni fue ideada para complementar los últimos trabajos psicológicos de unos cuantos individuos aislados que van en busca de la realización personal. Somos parte de una gran compañía de guerreros que se extiende en el tiempo hacia adelante y hacia atrás. Los guerreros del pasado podrían estar viéndonos desplegar el caballo del viento y apoyándonos.

Corrige tu postura física. Siente la cabeza y los hombros erguidos y fuertes, como si trataran de alcanzar el cielo. Pon la columna recta y tensa como si fuera la cuerda de un arco, pero no debe estar rígida. Mantén el pecho relajado y el corazón abierto. Imagina y siente que estás rodeado por un depósito de poder y energía vivos a tu alrededor y encima de ti. Siente su cualidad energética: ese depósito es profundo, rico y vibrante. Nos permite sentir la profunda cualidad de todas las cosas. Es cariñoso y pleno y tiene un gran afecto por la tierra y todo lo que existe, pero también es afilado como el filo de una navaja: corta todo odio y agresión. Si haces este ejercicio con la mente y el corazón abiertos te ayudará a desplegar el caballo del viento de manera directa y natural.

Para representártelo mejor podrías sentir que la energía tiene matices dorados, como el cielo al amanecer, aunque básicamente carece de color. Es energía viva, cálida y vibrante. Vibra de una manera particular delante y ligeramente encima de ti; es como si observaras a un maestro guerrero sentado en una plataforma por encima de ti que te mira hacia abajo con una expresión de calidez y afecto y, sin embargo, te ve tal como eres, con una atención muy despierta y aguda. Mira cómo la energía desciende y te envuelve. Es muy real. El vasto espacio que te rodea está lleno de ilimitado poder y energía viva que pue des hacer descender porque eres parte de ella. Cuando sientas descender la energía, elévate hacia ella: eleva tu postura, tu energía y tu humor, como si desearas ir hacia esa energía. Se ha dicho que desplegar el caballo del viento es hacer que el estado de alerta y de atención de una persona se encuentre con las del universo. Siente ternura, afecto y bondad en tu corazón. No hace falta que te sientas solemne o mantengas una actitud religiosa. En realidad, desplegar el caballo del viento es una forma de aligerarse. Ahora siente (imagina) que la energía y el poder que te rodean se despliegan hasta excederte. Deja que tu mente y tu corazón entren en esa energía. No es necesaria una preparación previa para desprenderte. Hazlo de la misma forma que has aprendido a desprenderte en la meditación sentada.


Despréndete de tu sentimiento de separación, de cualquier inadecuación o empobrecimiento psicológico y de habitar dentro de tu cuerpo.
Simplemente despréndete. Bruscamente, Cuando te desprendas, siente que vas montado sobre olas de energía. Las células de tu cuerpo no están separadas de las del aire que te. rodea y las células del aire que te rodea no están separadas de las células del cúmulo de poder y energía que desciende a tu alrededor. Estás conectado con el mundo. Siéntete conectado y no separado de este océano de energía. La energía es real, puedes abrirte a ella y dejarla entrar en tu sistema. No es un conjuro; más bien te estás abriendo a la energía que ya está allí y estás permitiéndole que ella te abra a ti.
Quizá sientas que sólo lo estás < imaginando», pero la energía es real. Puedes sentirla en esos momentos repentinos e inesperados que suceden durante la práctica sentada o en tu vida de cada día. Te armonizas con ella a través del sentimiento intuitivo y de la imaginación.

Elévate y corta con cualquier duda o vacilación. Puedes sentirte como el rey o la reina de tu mundo porque estás en el centro de tu mundo. Estés donde estés, siente que ése es tu lugar sagrado, tu pala cio sagrado. Estés en medio de la calle, en un pequeño apartamento, en una casa que vale mucho dinero, en la línea de producción de una fábrica o en casa de tus padres, ese lugar es sagrado y es el centro de tu mundo. En él, tú eres el monarca. Mientras estás sentado en tu palacio sagrado, vuelve a contactar con tu auténtico corazón. Imagina y siente que eres un monarca con el corazón abierto, confiado y alegre, y con una tristeza auténtica. Puedes rradiar bondad y benevolencia desde tu corazón abierto y proporcionar curación y cuidados a los demás. Desde tu corazón abierto, puedes amar y cuidar de los demás reyes y reinas. Puedes expandir esa energía que descendió y entró en ti. Olvídate de ti mismo y cabalga las olas de energía, expandiendote más y más, irradiando bondad tan lejos como puedas. Éste es el punto clave de la práctica: alejar el miedo y la agresión, recibir la energía benevolente del cosmos en tu corazón e irradiar ese sentimiento positivo hacia los demás.

Hemos descrito la práctica muy lentamente, pero no tiene por qué llevar mucho tiempo. Puedes realizarla rápidamente si te encuentras presionado y quieres desplegar de prisa el caballo del viento.

Resumiremos este ejercicio del sentimiento y la imaginación creativa en un breve verso que puedes leer en voz alta; también puedes grabarlo y practicar mientras lo escuchas:

Siente un cúmulo de energía-poder a tu alrededor que desciende, se abre y te envuelve.
Siente un amor pleno, afectuoso, lleno de energía. Siente la cualidad de tu mundo.
Siente el vasto espacio, el poder y la energía.
Siéntete elevado y elévate: tanto en tu postura como en tu estado de ánimo.
Siente ternura y afecto en el corazón. Ahora puedes sentir la energía madura que presiona sobre ti. Entra en ella. Bruscamente.
Siente que estás cabalgando sobre olas de energía. Conecta realmente las células de tu cuerpo con las del aire y las de la energía, para no sentirte separado del mundo. Elévate y aleja todo pensamiento empobrecedor.
Siéntete como el rey o la reina de tu mundo.
Siente que vives en tu palacio sagrado.
Siente que puedes amar, valorar y cuidar de tus semejantes, los demás ' reyes y reinas. Ahora expande tu experiencia de la energía más y más. Si no tienes miedo, puedes hacerlo en ese mismo sitio, en un instante. Después puedes salir y encontrarte con el mundo desde tu fuente de poder, tu espacio sagrado.

La experiencia de desplegar el caballo del viento

Desplegar el caballo del viento no es una práctica solemne. Cuando el Dorje Dradul la introdujo por primera vez a un grupo de profesores que estábamos realizando la formación de Shambhala, la había mencionado previamente durante unas semanas, por lo que se creó una gran expectación. Cuando llegó el día, entramos en el salón de su casa en grupos de cinco. Los que no habíamos entrado aún nos encontrábamos esperando fuera, en el recibidor. ¡Esperando algo espectacular! A medida que fue saliendo la gente de cada grupo, los que esperábamos fuera nos quedábamos perplejos de ver cómo muchos de los participantes salían sonriendo o riendo abiertamente. Cuando por fin entramos en el salón e hicimos la práctica, nos pareció algo brillante y sin embargo simple, casi tonto para nuestras complicadas mentes que esperaban algo pretencioso.

Experimenté el efecto práctico del caballo del viento por primera vez en 1978, algunos meses después de haber aprendido la práctica. Como vicepresidente del Instituto Naropa, presidía un equipo de gente que estaba trabajando para presentar la candidatura del Instituto ante la agencia federal que nos concedería la licencia oficial para poder enseñar. Anteriormente, un primer grupo de examinadores nos había hecho una visita de cuatro días y había realizado un informe muy positivo que empezaba: «¡Hay que ver el Instituto Naropa para poder creerlo!».

Teníamos que responder de ese informe frente a un prestigioso e imponente tribunal en Chicago. Muchos días antes del viaje habíamos estado levantándonos muy temprano para preparar toda la documentación necesaria. La tarde antes de salir de viaje fuimos a la oficina del Dorje Dradul y realizamos con él una práctica del guerrero de Shambhala conocida como el Toque de Confianza: una manera formal de desplegar el caballo del viento con un pincel, papel y tinta que describiremos en el capítulo 12. Estuvimos allí durante una hora, y el caballo del viento dentro de la habitación se hizo tan denso que era casi tangible, sentíamos una tremenda energía y un gran sentido del humor. Cuando nos fuimos nos dedicó una gran sonrisa y dijo < acordaos de mí», lo que yo interpreté como una señal de que debíamos desplegar el caballo del viento que habíamos compartido con él. Aquella noche, después de algunas horas de preparación, me sentía tan nervioso y expectante que me quedé despierto toda la noche escuchando las nueve sinfonías de Beethoven y también a los Beatles y a Janis Joplin. Todavía estaba despierto cuando vinieron a buscarme para llevarme al aeropuerto

 

 

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