|
Mi intención al escribir este texto no es dar unas directrices a seguir a los que están en la misma situación que yo, sino simplemente contar cuál ha sido mi experiencia con la “enfermedad” y cuál ha sido mi camino.
Si esto sirve para que alguien, angustiado por su diagnóstico, vea en mí un ejemplo, una evidencia palpable de que existen otros métodos de curación, y con ello neutraliza el pesimismo que le hayan infundido sus médicos, me doy por satisfecho.
Que quede claro que cada cual debe encontrar su camino. Las técnicas curativas que a unos les funcionan bien, a otros no les sirven. Pero lo que sí es seguro es que siempre hay un modo de curarse. Búscalo y lo encontrarás. Si yo puedo hacerlo, tú también puedes.

Con motivo de una operación de cirugía me detectaron anticuerpos del v.i.h. en Junio del 91 y de forma “casual” me enteré del diagnóstico en Mayo del 92, casi un año después.
La noticia fue un golpe brutal. Lo primero que sentí fue miedo auténtico, pero no por el anuncio de la muerte en sí, sino por la posibilidad de una enfermedad larga, con deterioro lento y posiblemente doloroso, amén del sufrimiento añadido para mi familia y amigos.
Recuerdo que también sentí rabia al confirmar las contradicciones de un sistema médico, en el que no tenía ninguna confianza ya en aquella época, que por un lado propugnaba a los cuatro vientos la prevención de la enfermedad con la adopción de unas medidas básicas para evitar contagios y luego silenciaba a perpetuidad los resultados de una prueba realizada además sin el consentimiento del paciente.
Durante el resto del día estuve como ido, dando vueltas y vueltas a los pensamientos más dispares. Y por la noche, y también a la noche siguiente, lloré. Lloré mucho.
Pensaba en lo injusto del destino. ¿Por qué a mí?. ¿Por qué ahora?. Tenía 38 años y después de una infancia normal y feliz, de mi juventud no puedo decir otro tanto. Desde muy joven me encontré inmerso en una lucha interior por la no aceptación de mi condición homosexual, que era contraria a los dictados de la cultura y la sociedad en la que me había criado, llevándome a tres intentos de suicidio, el primero de ellos a los 17 años.
Y cuando, por fin, había encauzado más o menos mi vida, y había encontrado una razón para seguir viviendo, desterrando definitivamente las ideas autodestructivas, la fatal noticia hizo que todo se tambalease de nuevo. ¿No había pedido muchas veces morir?. Pues aquí tenía la muerte servida en bandeja. Sólo que no era ésa la idea de la muerte que yo tenía en mente.
Cuando acudí a mi médico homeópata tampoco oí de él lo que yo esperaba : que tuviese una solución para el s.i.d.a.. Así que me puso únicamente a tomar oligoelementos y a esperar las posibles complicaciones para atajarlas en su momento.
Y cuando ya me había vuelto a plantear el suicidio como la única alternativa posible, se cruzó en mi vida el Lama Gangchen.
Me enteré por una amiga que vendría a Madrid en Octubre un Lama Sanador Tibetano. Eso me abrió una luz de esperanza. Si la medicina occidental no tenía soluciones para mí, a lo mejor las tenía la medicina oriental.
Entre las recopilaciones de información que fui haciendo , una vez repuesto del choque y del desánimo inicial, encontré datos sobre la Medicina Tibetana y sus tratamientos para el s.i.d.a.. Aquello resultó muy alentador. También tenía noticias de otros tratamientos, tanto alternativos como alopáticos, que parecían prometedores.
Mi encuentro con el Lama Gangchen tengo que admitir que no fue lo que esperaba. Hay una carta mía en la sección de testimonios de esta misma revista, en donde cuento los pormenores de la impresión que me produjo.
Me puse en manos del Doctor Lobsang, quien me prescribió un tratamiento que seguí fielmente durante un año. En él, además de medicinas, incluía dieta y un régimen especial para los días de luna llena. Resultaba muy extraño e increíble que un médico explicase que la enfermedad tenía relación con la ley de causa-efecto (Karma), procedente incluso de vidas anteriores.
En el tiempo que duró el tratamiento no observé ningún cambio. Mi salud, como siempre, era buena. Los análisis, en cambio, seguían ofreciendo recuentos de T-4 a la baja.
Al año siguiente abandoné la medicación tibetana y como había atravesado la fatídica barrera de 500 T-4 (concretamente 456), el servicio de Medicina Interna que me controlaba, me planteó iniciar el tratamiento con AZT, y aunque en aquel momento yo no disponía de los datos sobre la toxicidad y los efectos secundarios de los nucleósidos análogos, la negativa fue inmediata.
No necesité meditarlo durante un solo segundo. El estupor de los especialistas fue mayúsculo al ver que despreciaba una medicación muy “cara y sofisticada”, que tenía la suerte de recibir gratuitamente a través de la Seguridad Social y el privilegio de ser “uno de los pocos que tenía acceso a estos protocolos” por los que suspiraban muchos otros. Tuve que explicarles que como no creía en su medicina, sus fármacos no podían ayudarme, pero que no descartaba la posibilidad de que en un momento de pura desesperación volviese allí, suplicando de rodillas la medicación que ahora, lúcidamente, rechazaba.
Ellos me amenazaron con predicciones agoreras sobre mi muerte inminente, pero yo les pedí, por favor, que me considerasen una excepción dentro de sus estadísticas, porque únicamente yo podía decidir cuánto y cómo iba a vivir.
Mi homeópata me propuso, a instancias mías, hacer un tratamiento de Isoterapia Sanguínea, que llevé a cabo a lo largo de diez meses en el año 94 y 5 meses más en el 95.
Los resultados que iba obteniendo eran dispares y no guardaban relación ni con las aplicaciones de los sucesivos tratamientos ni con el estado de salud. Las cifras oscilaban desde los 410 T-4 a unos sorprendentes 1.072 T-4 (en prueba realizada en diferente laboratorio), 700 T-4 en el siguiente análisis, 555 en el otro, etc.
Durante todo este tiempo fui también poniendo a prueba otras técnicas que en su momento me parecieron válidas. Hacía Yoga y Ritos Tibetanos a nivel físico, ensayé suplementos alimenticios como el aceite de Onagra, trabajé con la respiración haciendo Renacimiento; para la mente usaba afirmaciones, visualización, etc. hasta un total de una veintena de terapias, algunas más esotéricas : Tao Curativo, dos niveles de Reiki, Terapia Mística, curación con cristales y piedras, etc., incluso llegué a hablar con una mujer de Astorga, llamada Esther, que decía estar conectada con las estrellas, y que me ofreció una curación a cambio de nada; simplemente debía confiar en que desde allí arriba estaban trabajando en mi recuperación. El no va más de esta ansiosa búsqueda se plasmó en una peregrinación místico-religiosa a una parte remota de la meseta del Tíbet (la zona sagrada del Monte Kailás y el Lago Manasarovar), cruzando a pie la barrera de los Himalayas en una expedición casi de aventura.
Por otro lado, iba aumentando mi información con lecturas de tipo “disidente”, que ofrecían una visión de la enfermedad diametralmente opuesta a la teoría oficial, lo que me ayudó mucho.
Cada vez iba entrando más por los temas de autocuración , autoayuda y por las terapias de tipo sutil, confiando más en mi propia capacidad para sanar. Poco a poco, no sé muy bien cómo, llegué a la intuición y al posterior convencimiento de que la curación está dentro de uno mismo y no fuera como habitualmente pensamos. El cuerpo tiene sus mecanismos propios de autorreparación, que funcionan incluso en las enfermedades graves y en las llamadas “incurables”.
Acostumbramos a buscar la sanación fuera, por medio de medicaciones, yendo de tratamiento en tratamiento y aumentando la frustración al ver que no logramos la esperada mejoría. La mente se sume entonces en sentimientos negativos (depresión, ansiedad, culpa, etc.) que deterioran aún más el proceso.
Con frecuencia olvidamos que tenemos algo más que un cuerpo y una mente, llamémosle alma ó espíritu (aunque suene a religión) y la auténtica sanación pasa por un trabajo no sólo físico y mental sino también espiritual.
Otro punto importante en el proceso sanador es cuando uno se da cuenta que la enfermedad no le ha tocado en suerte, no es cosa del azar o del destino, sino que es algo que cada persona atrae a su vida con sus actos, para darse la oportunidad de crecer espiritualmente. La enfermedad no es una desgracia, sino un auténtico regalo : es el único estímulo capaz de obligarte a resolver tus conflictos más profundos.
Recuerdo que cuando leía cartas de gente que daba las gracias al sida o al cáncer porque eso les había cambiado su existencia, pensaba que estaban mal de la cabeza o que hablaban por pura resignación. Pero ahora lo veo claro, porque a mí me ha llegado también esta visión. ¿Qué sería de mí sin el sida? ¿Dónde estaría yo?. Seguro que no estaría haciendo “excentricidades” con el Lama Gangchen, ni levantándome una hora antes, todos los días, para hacer la Sadhana, ni prestando atención a mi cuerpo ni a mi mente (y mucho menos a mi alma). Prefiero mil veces estar donde estoy y doy gracias a mi enfermedad por el cambio que ha hecho en mi vida.
En este proceso de evolución, ha jugado para mí un papel primordial la Autocuración Tántrica del Lama Gangchen Rinpoché. Llevo practicando la Autocuración desde el Congreso de Medicina Tibetana del año 93. Al principio me parecía complicada y para una mentalidad occidental resultaba poco menos que increíble que con sólo realizar unos gestos y recitar unas palabras pudieran obtenerse beneficios palpables. Yo, a pesar de no estar del todo convencido, hacía la Sadhana, de forma esporádica, por si acaso…
Poco a poco fui observando, aunque nunca tuve complicaciones de salud dignas de tener en cuenta, que mis mejores momentos, aquellos en que estaba más animado, más vital y más tranquilo, surgían con motivo de la práctica tántrica.
Fui experimentando más y más, llegando a la conclusión de que había una correlación directa entre Sadhana y paz interior. Cuanto más hacía la práctica, más en paz me sentía conmigo mismo y con los demás.
Llegó un momento en que el cántico de mantras y la realización de los mudras dejó de ser algo rutinario o mecánico para convertirse en un disfrute, que se hacía más vivificante con la introducción paulatina de visualizaciones, símbolos, colores, respiración, etc..
Fue a raíz de mi viaje al Tíbet, en Agosto del 94, cuando empecé a hacer la Sadhana sin faltar un solo día. Aparte de la sensación de paz mental y espiritual, llegaba a veces a percibir sensaciones físicas como un calor ascendente por la columna vertebral.
Desde entonces, la Autocuración Tántrica, ha entrado a formar parte de mi vida cotidiana, recibiendo así, de forma sutil, los beneficios de un sistema sanador que ha llegado desde un saber milenario hasta nosotros gracias a la generosidad y la compasión del Venerable Lama Gangchen Tulku Rinpoché, del que me considero un afortunado discípulo.
EPÍLOGO.
Mi situación actual es de estabilidad total. No hago ningún tratamiento ni tomo medicación alguna. En el penúltimo de mis controles periódicos, ante la mejoría “inexplicable”, el servicio de Medicina Interna ordenó un cultivo del v.i.h. que resultó ser negativo, pero hasta el día de hoy nadie ha podido darme una explicación satisfactoria del hecho.
Estoy decidido a no hacerme más análisis porque fundamentalmente no estoy enfermo de nada y porque los recuentos de T-4 se han demostrado inadecuados y obsoletos por la misma medicina oficial, y sólo sirven para hacer rehenes del miedo a los seropositivos que ven angustiados cómo su propio terror hace decrecer las cifras progresivamente.
Si me surgiera alguna complicación acudiría a la homeopatía, las Flores de Bach ó cualquier terapia blanda.
Me niego rotundamente a tomar ningún medicamento que tenga efectos secundarios por su toxicidad (y no me refiero sólo a los antirretrovirales, sino a los simples antibióticos, vacunas y un largo etc.), recordando siempre el primer principio Hipocrático que nuestra medicina parece obviar y que dice “Primum non nocere” (lo primero: no dañar).
Estoy en contra de la profilaxis que propugna la ingesta desproporcionada de fármacos a modo de “prevención”.
Estoy a favor de la Curación Espiritual, con todas sus connotaciones, frente a la meramente física.
Practico la Autocuración Tántrica del Lama Gangchen diariamente con auténtica fe en su poder sanador.
Soy consciente del giro radical que he dado a mi ser y quiero insistir cada vez más en este cambio personal que he iniciado “gracias a mi enfermedad”, trayendo a mi vida los pensamientos y las acciones que creo correctos, rememorando constantemente aquellos versos de los Upanishad que dicen :
Eres lo que es tu deseo profundo e impulsor.
Tal como es tu deseo, así es tu voluntad.
Tal como es tu voluntad, así son tus obras.
Tal como son tus obras, así es tu destino.
El proyecto que tengo en mente consiste en crear grupos de autoapoyo, a nivel de cada ciudad, o mejor aún, de cada barrio, agrupando a enfermos de todo tipo que busquen el camino de la curación. Se dispondría en cada uno de ellos de un lugar en donde reunirse periódicamente para intercambiar informaciones y experiencias, para realizar prácticas adecuadas que mejoren la calidad de vida, y sobre todo para dar y recibir el apoyo moral imprescindible para cultivar la autoaceptación personal y despertar los propios mecanismos curativos.
Un lugar donde el lema principal podría ser : “Me ayudo a mí mismo a base de ayudar a los demás”.
Kunpen Tse .“Beneficiar a los demás es lo mejor”.
Ese es el significado del nombre que me impuso el Lama Gangchen cuando recibí de él la Iniciación del Refugio.
Una y mil veces más, doy gracias a mi Venerable Maestro.
Asturias Enero 97
PARTEII
7 AÑOS DESPUES....
Aún hoy, después de 7 años,sigo recibiendo cartas de gente que encuentra en Internet aquel testimonio que publiqué para la revista Son de Paz en Mayo del 97. En muchas de ellas se manifiesta la duda sensata de que yo todavía pueda contestar. Y seguro que hay personas que ni siquiera intentan conectar conmigo porque piensan razonablemente que después de tantos años podría por lo menos haber desarrollado la enfermedad en mayor o menor grado e incluso haber muerto. Por todos ellos, por los amigos que han insistido en que lo haga y por mi bien amado Lama Gangchen que quiere publicar un libro con todos los testimonios sobre las experiencias sanadoras de la Práctica de Autocuración Tántrica que tan generosamente nos ha transmitido, me dispongo a contar cuál es mi situación actual y mi andadura en todo este tiempo.
El último análisis me lo hice en septiembre del 96 y desde entonces no he vuelto a realizar ninguna analítica, por lo tanto desconozco mi estado, desde el punto de vista de la medicina oficial, y si la enfermedad ha progresado, se ha estabilizado o ha remitido definitivamente. Por lo pronto no presento ningún síntoma característico del síndrome. Y digo característico, porque al igual que todo el mundo, esté sano o no, padezco algún resfriado en invierno, a veces gripe, dolor de garganta si cojo frío y una gastroenteritis en mi último viaje al Tíbet con el lama Gangchen, en el verano del 2000. Amén delas
dolencias de tipo reumático, tan propias de los climas húmedos del norte, y en mi caso agravadas por secuelas de tipo traumático como un caída de moto, lesiones deportivas y demás. En definitiva puedo considerarme afortunado y sigo pensando que mi sistema inmunitario es superior al de la mayoría, ya que ni mis hermanos ni yo hemos padecido ninguna de las clásicas enfermedades infantiles, tipo sarampión, paperas, etc. Sin embargo, en este periodo de 7 años sufrí por dos veces un herpes zoster, que no llegó a ser doloroso y que afectó precisamente los nervios del brazo y de la pierna que se habían lesionado previamente en sendos accidentes. Y estoy convencido que el desordenmental y emocional, unido al gran estrés de ambas situaciones fueron la causa principal del desencadenamiento de la enfermedad.
Después de aquel tratamiento con Medicina Tibetana en el 93 y el homeopático de isoterapia sanguínea en el 94 no he vuelto a tomar medicamento alguno. Ocasionalmentelos remedios homeopáticos para esos problemillas puntuales (resfriados, etc.),las efectivas flores de Bach para los reveses emocionales y de la medicina oficial prácticamente ninguno, por aquello de los efectos secundarios.
En Junio de este año, en el Congreso Anual de Medicina Tibetana en Madrid, por una rara curiosidad hablé con Dawa Tsering, uno de los médicos del Lama, me tomó los pulsos y me dijo que estaba muy bien y no me hizo alusión alguna al “vacío de riñón” o enfermedad de “viento” que en otras ocasiones me detectaban y que está ligada a la actitud mental del apego, por lo que deduzco que, en mi caso, será muy difícil liberarme de ella.¡ Y pensar que todo este veneno lo causa el simple deseo…! No obstante, como le relaté mis últimos episodios de dolores lumbares (de tipo traumático) y cervicales(de tipo postural, por el trabajo que realizo) me dio un tratamiento para cuatro semanas, que después de dos meses aún no he comenzado a tomar por eso de las vacaciones, pero que pienso hacerlo de inmediato.
Y la verdad es que no tengo ningún secreto. Hay temporadas que decido cuidar mi alimentación, pero en general, como de todo, no me privo de ninguna cosa, y eso a pesar de que la dieta de Asturiasincluye mucha carne de cerdo, embutidos y comidas pesadas como la fabada. Soy consciente de mi adición al chocolate y a los dulces en general, del abuso de los lácteos y los fritos, amén de la carne y el pescado, aunque si a veces me entran tentaciones de hacerme vegetariano no es por asuntos de salud sino más bien por lo de la compasión y la no violencia. Tengo la suerte de no haber fumado nunca y de que no me gusta el alcohol, ni siquiera el vino o la cerveza,y aunque bebo cava en Navidadtengo que retroceder 30 años para recordar lo que es un cuba-libre.
Mis encuentros con la droga se podrían contar con los dedos de una mano y aún sobrarían dedos. Creo que un “tripi” una vez y medio otra. Yprobé un bizcocho integral con “maría”, ya que fumar me resultó siempre imposible. Por eso desconozco a qué sabe el otro chocolate.
Sólo he tenido dos relaciones en mi vida y nunca he sido promiscuo. Mis aventuras sexuales han sido, por suerte o por desgracia, también demasiado escasas.
Hago Yoga porque he comprobado que me sienta muy bien, pero sólo dos días a la semana, con la excusa de falta de tiempo Me gustaría practicar la meditación pero nunca encuentro el momento adecuado porque mi mente está continuamente agitada.
Por temporadas practicaba a diario Reiki y reconozco que sus beneficios eran palpables, pero también fui abandonándolo poco a poco sin razón aparente.
En lo tocante al descanso, se puede decir que soy algo más ordenado, no por decisión auto impuestasino por disposición natural. Tiendo a acostarme temprano y no me cuesta nada madrugar. No suelo trasnochar porque me resulta penoso incluso durante las vacaciones. Aún conservo de mi etapa de ostracismo juvenil el hábito de no salir de casa ni siquiera el fin de semana.
Es evidente que no me he maltratado mucho en el plano físico, pero podría asegurar todo lo contrario en el mental. Actitudes negativas las he experimentado más a menudo de lo deseable. Sobre todo culpa, baja autoestima, muchas depresiones, tristezas, melancolías e ideas autodestructivas. Y en estos últimos años mucho estrés por motivos laborales, hastío y descontento conmigo mismo y con la vida que llevo.
En el año 94, después de mi peregrinaje al Kailash, me propuse realizar a diario la Autocuración Tántrica del Lama Gangchen, y así lo vengo haciendo desde entonces sin faltar un solo día. Cuando tengo tiempo hago la práctica normal y cuando me veo apurado hago la versión abreviada. A decir verdad soy un practicante voluntarioso pero bastante mediocre, pues no tengo problemas con los mantras y los mudras pero no logro visualizar todos los símbolos, sílabas y colores, pues me faltan la atención y concentración necesarias para hacer de la sadhana una auténtica meditación y, en cambio, me sobran la distracción y los pensamientos inoportunos. Menos mal que el Tantra funciona de forma misteriosa e inexplicable.
No sé cómo estaría ahora si no hubiese hecho la sadhana todos los días durante estos 10 años, como tampoco sé qué hubiera pasado en el caso de haber aceptado el tratamiento con A.Z.T. que me ofrecían en el año 92. Nadie puede asegurar si mi estado es producto de mi propia naturaleza o de la práctica del budismo tibetano. Soy consciente del innegable poder curativo de la mente, por lo que deduzco que aquello en lo que realmente uno cree puede movilizar los mecanismos sanadores del cuerpo hasta límites insospechados. Por ello, considero que muchas de las prácticas budistasy de otros métodos orientales son tremendamente útiles para lograr un estado mental adecuado para la curación.
De momento mis problemillas de salud los soluciono con medicina homeopática, pero me imagino que si me surgiese alguna complicación más grave, tipo neumonía, que podría afectar a cualquiera, es posible que aceptase un tratamiento convencional si las circunstancias del momento lo aconsejaran. Pero en el caso de una crisis de salud realmente grave pondría en marcha un plan drástico a base de una dieta selectiva y muy severa sin nada animal ni conservado, congelado o prefabricado y a ser posible tampoco cocinado. Haría a diario un ejercicio suave tipo Yoga o Chi-Kung, pranayamas, relajación y sobre todo mucha meditación, Reiki, visualización, etc. cuidando más el plano mental y espiritual que el puramente físico, procurando vivir siempre en el momento presente, practicando los cuatro pilares básicos del budismo: amor, compasión, alegría y ecuanimidad y recordando en todo momento la impermanencia de todos los seres y la existencia de un Karma personal que es producto de mis propias acciones anteriores.
La mente es la precursora de todos los estados. La mente
es su fundamento y todos ellos son creados por la mente.
(Versos gemelos. Dhammapada)
Miguel. Asturias. Septiembre de 2004
TRATAMIENTOS DE AYUDA
| EVITAR FACTORES INMUNOSUPRESORES |
REALIZAR TÉCNICAS INMUNOESTIMULANTES |
MALNUTRICIÓN |
DIETA ADECUADA :
-Método Kousmine -Higienismo
-Naturismo- -Macrobiótica , etc
|
*Deficiencias Vitaminicas y de Oligoelementos |
SUPLEMENTOS DIETA APROPIADOS :
-Oligoterapia, etc.
|
Vida Sedentaria |
DEPORTE SUAVE DE OXIGENACIÓN :
-Yoga -Chi Kung(Qi Gong) -Tai - Chi -Natación
|
Respiración Inadecuada |
EJERCICIO RESPIRATORIOSUAVE :
-Pranayamas (Yoga) -Respiración consciente , etc.
|
Stress y Ansiedad |
RELAJACIÓN -Relax, etc. |
*Intoxicas Quimicas :(antirretrovirales, antibióticos y profilaxis |
ABANDONAR SU CONSUMO:
-Abuso tabaco, alcohol , drogas y exceso*ACUDIR A TERAPIAS DE medicación ABANDONAR SU CONSUMO
DESINTOXICACIÓN Y MEDICINA ALTERNATIVA
-Flores de Bach -Homeopatía
-Acupuntura -Hidroterapia de colon
-Fitoterapia -Magnetoterapia
-Fotonterapia, etc
|
|
|