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  Revista Electronica

AKSAMALA

Mala y Meru

El mala budista más conocido tiene 108 cuentas más una, llamada Meru, en alusión al Sagrado Monte Kailash, ombligo del universo, haciendo un total de 109, con la salvedad de que el Meru no se cuenta, por tanto las repeticiones por cada vuelta son 108.

El Meru es una especie de señal, de tope o referencia, para saber el inicio y el fin del cómputo, sobre todo cuando se reza a oscuras o con los ojos cerrados. El Meru suele tener un mayor tamaño, o una forma especial, o estar hecho de distinto material, pero no siempre es así.

A diferencia del resto de bolas, que tienen un orificio que las atraviesa de un lado a otro, para ensartarlas a lo largo de un cordel, en el Meru hay un orificio más, que conecta en forma de T con el normal, y por ahí convergen los tramos de izquierda y derecha, cerrándose con un simple nudo, o bien con otra pieza de forma cónica, que no se cuenta, porque se trata de de un remate cuya función es puramente estética, aunque recuerde la forma de una Stupa, y que no siempre aparece.

En ocasiones, en vez de ser independiente, forma una sola pieza con el Meru, adoptando éste una figura más o menos cilíndrica que suele estar estriada o decorada de alguna manera. Las variedades son muy abundantes, aunque predominan dos o tres formas más tradicionales. La longitud del mala depende del tamaño de las cuentas, pero lo normal es que sea como un collar más bien largo.

Materiales y forma

El material y la forma de las piezas que lo componen son, también, variados. Es frecuente que sean bolas esféricas del mismo diámetro, normalmente de madera de sándalo (muy olorosa), de palo de rosal o de otras propias de Asia.

También se usan mucho las semillas de loto (blancas moteadas), las famosas rudraskas de la India, las del árbol del bodhi, y otras menos conocidas.

Del reino mineral, son frecuentes los malas de ágata, cornalina, ojo de tigre y un largo etc. Del reino animal se emplean algunas conchas marinas, el cuerno, pero sobre todo el hueso, en donde proliferan otras formas talladas no esféricas, tales como discos y calaveras, en su color marfil o bien teñidas o también quemadas.

Pueden tener incrustaciones de cobre, latón, turquesas y coral. De la misma manera pueden presentar talla los de mineral, con formas de lotos y con mantras o sílabas sagradas (asimismo pintados o grabados en los de madera).

Por lo general, las cuentas suelen ser del mismo tamaño y material, pero es habitual que haya intercaladas piezas de distinto tamaño o color, muy apreciadas las turquesas y el coral, bien por motivos ornamentales o bien por marcar, al igual que el Meru, una posición determinada de la cuenta. No es difícil ver malas con alguna de las valiosísimas Dzi tibetanas, que merecen un capítulo aparte.

Contadores

pueden llevar contadores de diverso tipo. Lo habitual es que disponga de una pareja de contadores, que son dos grupos de 10 bolas cada uno, ensartadas en un hilo o cordón de cuero por el que se deslizan con cierta dificultad para evitar que se muevan de la posición marcada.

Suelen ser de metal (cobre, latón o plata), pero también de madera o hueso y más que bolas son una especie de argollas o arandelas gruesas, que acaban en un remate decorativo, normalmente un dorje en un lado y una campana en el otro, aunque otro motivo usado es la rueda del Dharma. Estas sartas cuelgan del mala en una posición imprecisa, aunque a veces también señalan un punto determinado en el mismo. Uno sirve para contar unidades y el otro decenas.

Además, o independientemente puede haber otro tipo de contador que es una pieza, generalmente de plata u otro metal, con forma de loto o de dharmachakra, que se intercala, de forma trabajosa, entre dos bolas. Sirve para contar millares. A veces puede haber un segundo para cómputos más elevados.

¿8 bolas extra? Existe una teoría que propugna que las repeticiones de un mantra son 100 y que las otras 8 bolas son para reparar los posibles errores u omisiones.

Parece no tener fundamento, porque en el caso de elegir 100 (una centena), un número redondo, lo lógico sería que las omisiones fueran 10 y no 8, porque no es de sentido común que para 10 mantras haya 0,8 errores. Uno por cada 10 también sería un número redondo, es decir 10 para 100, con lo cual los malas deberían tener 110 bolas, y así la disposición de contadores de 10 unidades y 10 decenas sería la idónea. Si hubiera que contar 100, el contador de las centenas debería llevar 9 bolas en vez de 10, que harían un total de 90, y añadiendo las 10 de las unidades sería 90 + 10 = 100.
Además, la única referencia al 100 que se me ocurre es el mantra de Vajrasattva (el de las 100 sílabas), mientras que las referencias al 108 son casi interminables.

Otras medidas

aparte de 108, también existen malas de 54 piezas (se repite 2 veces) y de 36 piezas (3 veces), aunque esta medida es relativamente escasa. Otras menores ya se consideran malas de muñeca, dependiendo del tamaño de las cuentas, a saber: 27 piezas (se repite 4 veces), 18 piezas (6 veces) y 12 piezas (9 veces).

Otros múltiplos serían: 6, 4 y 2, pero no he visto malas de esa medida, entre otras cosas porque sería muy incómodo repetir 54 veces un posible mala de 2 cuentas, o 27 veces el de 4, incluso 18 veces el de 6, porque no hay contadores que nos ayuden en esta labor.

Si, en cambio es muy usual el mala de 21 piezas (22 con el Meru), que sirve para la repetición de plegarias como las 21 Alabanzas a Tara, pero no sirve para contar 108 porque 21 no es múltiplo suyo.
Todas estas medidas llevan añadido el Meru, porque de lo contrario no se puede determinar dónde está el comienzo y el final, y aunque sea en forma de simple nudo, o de borla de hilos, está presente para servir de referencia imprescindible.

Uso

El mala largo se puede llevar al cuello como un collar, pero también enrollado en varias vueltas en la muñeca, como los cortos de tipo pulsera. Siempre en la izquierda, ya que la mano derecha se considera impura, aunque muchas de estas instrucciones proceden de la tradición hindú que es más rígida en estos aspectos que la budista. Los dedos nunca atraviesan el Meru, cuando se llega a él, señal de que se han completado las 108 repeticiones, se da la vuelta en dirección opuesta para un nuevo ciclo.

Las cuentas se pasan con los dedos pulgar y medio, sin utilizar nunca el índice, considerado no sólo impuro, sino psíquicamente negativo. Recordemos que en Occidente constituye un signo de mala educación el señalar, y el dedo utilizado para ello es siempre el índice, nunca se señala con otro. Se reza con la mano izquierda, aunque personalmente siempre utilizo la derecha por razones de destreza, y porto el mala en la misma porque a la izquierda llevo el reloj (por un tonto consenso que nos enseñaron, en donde los hombres tenían que usar para ello la izquierda y las mujeres la derecha).

Cuando se recita, se dice que el mala no debe colgar por debajo del ombligo.

La repetición de mantras puede realizarse de tres formas

audible, susurrada o mental, ésta última es la considerada más poderosa porque exige mayor concentración, sin embargo la que se hace en voz alta, aparte de los beneficios de la vibración sonora del mantra, acalla otros sonidos y distracciones. La susurrada es cuando se hace sin movimiento de las cuerdas vocales.

Los contadores funcionan como un ábaco, por cada vuelta de 108 se mueve una cuenta en el de las unidades, y cuando se llega a 10, entonces se mueve la primera cuenta del segundo contador. Se continúa con las unidades 11, 12, etc. Y cuando alcanzas 20 se desliza la segunda bola de las decenas y así sucesivamente, lo que permitiría el objetivo de repetir 108 veces un mala de 108 (exactamente se podría llegar a 110 veces).

El contador pequeño se coloca entre la primera y la segunda bola del mala al llegar a 1000 repeticiones completas de 108 cada una, entre la segunda y tercera bola (de izquierda a derecha) al alcanzar 2000 y así sucesivamente.

Como esta operación se realiza cada bastante tiempo, la forma de desplazar dicho contador resulta un poco laboriosa, teniendo que abrir la argolla y volver a cerrarla en la nueva posición. Los malas de muñeca no suelen tener contadores de ningún tipo.

Contar con las manos

Existe una forma para el recuento de mantras sin mala, abriendo las palmas de las manos, con los dedos enfrentados en la dirección del mudra de la meditación, contando con el pulgar izquierdo sobre las falanges de los dedos restantes de la misma mano, describiendo una espiral que gira en el sentido del las agujas del reloj, comenzando por la falange proximal del índice y finalizando en la falange media del anular.

Cuando se completan doce repeticiones, se señala con el pulgar de la mano derecha sobre los dedos índice, corazón y anular (doblando el meñique sobre la palma de la mano, ya que no se utiliza, porque sólo son necesarias 9 repeticiones esta vez), empezando por la falange distal del índice y describiendo la espiral que acaba en la falange media del dedo corazón. Así, 12 repeticiones, 9 veces, completan las 108.
Si resulta complicado o provoca confusión describir la espiral, se puede seguir el orden de izquierda a derecha y de arriba abajo, como en una lectura normal.

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