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TESTIMONIOS LAMA GANGCHEN Y YO
El día que lo conocí mi brazo tenía una enorme infección producida por una mordida de un perro ajeno a mi propiedad que me acarreo 11 puntos de sutura y lesiones musculares por la presión de la mandíbula canina sobre mi brazo. Trataré de ser breve en lo accesorio; a esas alturas, mi vida había pasado ya por una serie de acontecimientos de los que voy a enumerar solamente los más importantes, con el fin de situar mi proceso en su contexto: 43 años, una gran invalidez de la Seguridad Social por artritis reumatoide seropositiva evolutiva de primer grado, un cruce de vida producido por una “jubilación prematura”.Matrimonio roto, dos hijos en edad escolar, una segunda pareja en paro, y la típica pregunta: ¿Que hace una chica como yo en un planeta como éste ?.. No podía creer que todo aquel cúmulo de experiencias vividas fuera para quedarme encerrada en casa, a tan temprana edad, con el único objetivo de pintar cuadros como válvula de escape “ocupacional” que no profesional. Según yo, todo aquel cúmulo de desastres acaecidos tenía que tener una razón, un sentido, una meta. Me negaba a aceptar que “nada es por nada”, y me devanaba lo sesos por la noche buscando una respuesta. Recuerdo que la primera idea coherente que tuve en aquella época era que si a causa de la enfermedad, la sociedad me daba un sueldo, yo debería corresponder de alguna forma con ella. Pensé en ofrecer mis servicios a la Cruz Roja. El intento fracasó porque mi capacidad de desplazamiento estaba muy limitada y había cola de voluntarios administrativos y en cuanto a la opción de servicios sociales, la situación era inviable. Si yo no podía con mi propio cuerpo, menos con el de un anciano. Me inscribí en una escuela de astrología cabalística, tema que siempre me había gustado para al menos tener un tiempo cubierto y mantener mi mente un poco mas alejada de mi propio ombligo. Debía encontrar una “razón” valida para mi. La astrología fue una puerta importante, que me ayudó a comprender la parte karmica de la experiencia de vida, la responsabilidad ineludible de nuestros actos y la sincronicidad del hombre con el Universo. Allí oí por primera vez hablar de karma y reencarnación y mi tendencia a culpabilizarme de todo encontró un buen asiento.. Una tarde de viernes una compañera me comenta por teléfono que había un congreso de medicina tibetana en la que un lama sanador venido del Tibet iba a hablar. Ante su oferta de acudir a verlo, mi primer intento fue negarme aludiendo que no había sanción para mi por razones karmicas, que no había solución para mi enfermedad, y la única salida era “aguantar con paciencia las flaquezas de mi cuerpo”. A eso le añadí excusas como cansancio, distancia y dinero. Pero mi amiga no pensaba darse por vencida, y a mi aun me faltaba mucho para aprender a decir no en firme, así pues, como no encontré otra escapatoria, acepté la invitación agradecida, y me presenté precipitadamente en el Auditorio Mafre, casi en el momento del comienzo de la conferencia. Encontramos sitio al final de la sala, pero me senté en el suelo del pasillo central para “ver mejor que pasa con los lamas tibetanos”…debo confesar que por aquel entonces mi nivel de conocimiento sobre el Tibet y e budismo estaban bajo cero…. Lama Gangchen comenzó con el mantra de Om muni muni maha muni sakya munie soha, y pocos minutos después, a la altura de mi plexo solar se desarrollaba un punto de calor que se iba expandiendo e inundándome poco a poco con una sensación de fuerza interior de beatitud y amor tan fuerte que temía respirar por miedo a que se terminara aquella experiencia. Minutos más tarde el aire se fue equilibrando en mis pulmones pero mantenía aquel estado de felicidad interna aunque no comprendía de donde salía. Lo primero que oí decir al lama fue que mientras que no fuéramos capaces de mantener la paz interior no habría posibilidad de conseguir la paz mundial. También recuerdo que dijo que estábamos aquí para aprender a ser felices y a vivir en paz, que ese era nuestro verdadero objetivo, y aquella frase se fijo dentro de mí como un estandarte. De repente se hizo la Luz y comprendí que ese era el sentido de toda mi vida. Conseguir la paz interna para obtener la paz mundial… Lo que pasó por mi corazón, en aquella tarde, fue como un vendaval que no deja nada en su sitio y todo lo remueve. Sentimientos, expectativas de vida, proyectos y sueños. Comprendí que no se trataba de saber mucha astrología, ni de que mis hijos terminaran carreras ni de adquirir renombre con la pintura o que mi pareja estuviera mucho o poco involucrado en mi vida. Si la paz estaba dentro de mi, habría que trabajar por la paz. No sabia ni como ni de que manera, pero lo haría, estaba decidida a ello. A la salida de esa conferencia Lama Gangchen estaba en la puerta despidiendo a la gente y mi amiga y yo salíamos las últimas. El miró mi brazo en cabestrillo y dijo “ ohhh” entonces se acercó a mi y soplo sobre el brazo muy sonriente. Yo reí nerviosa y eufórica. Regrese al día siguiente para verlo, y también a continuación y lo hubiera hecho muchas más veces pero su estancia en Madrid se había terminado. Deje mi teléfono para que me contactaran. De mi brazo diré que a los 7 días estaba curado, y a los 15 lo que quedaba eran las cicatrices de los atroces colmillos del perro. Aun se puede ver la marca del músculo hundido y las huellas de las suturas de los puntos formando un brazalete alrededor de mi brazo. En esos días también vi por primera vez, a mi primer compañero de la Como pasa a veces en la vida y por más que quise, transcurrió mucho tiempo antes que yo pudiera volver a ver al lama. Demasiados problemas, demasiadas limitaciones, demasiados frentes, pero el mantra se había quedado en mi interior y cada vez que lo repetía sentía el calor recorrer mi columna vertebral. Era placentero, me acompañaba, y entre tanto buscaba la forma de crear aquella paz interior cuya luz me había sido posible vislumbrar una tarde. Pasé por el proyecto Coherencia de Madrid, aprendí meditación trascendental, yoga; entre en el taoismo y descubrí la kinesiología como terapia alternativa, y me hice terapeuta. Casualmente mi kinesióloga conoció lama Gangchen durante el mismo congreso que yo. Con ella aprendí muchísimo de mi misma y de mis pautas erróneas de conducta y algunos días practicábamos juntas la autocuración. Y el recuerdo de Rimpoche me acompañaba silenciosamente. Un día la profesora de taichi comento que se iba a crear una revista y que buscaban voluntarios para colaborar en secciones o con dibujos, y me ofrecí. Recopilé todo el material que tenia de mis años de búsqueda en solitario y me presenté con él en la casa que seria la base de trabajo de la revista. Mi sorpresa fue enorme cuando una vez allí descubro que el presidente honorario de la revista en construcción era el mismísimo Lama Gangchen Rimpoché. Estaban esperando que yo confirmara mi participación en el proyecto. Todo estaba en orden; el compás de mi vida había ido delineando un espacio lo bastante amplio como para darme la oportunidad de experimentar en la búsqueda espiritual, comenzando el día del primer congreso, y atravesando por cambios y aprendizajes en otras materas, en otros centros, en otras filosofías, en otras practicas y creencias en busca de esa paz prometida por Rimpoche, para finalmente regresar al punto de origen, que era la autocuración tántrica. El círculo se había completado. En todos estos años lo único que se mantuvo firme e inamovible fue la imagen del Lama Gangchen, su mensaje y su mantra de om muni muni maha muni sakya munie soha, como si se tratara de una tabla de salvación en medio del naufragio. En los momentos mas difíciles me dormía repitiendo el mantra y el primer pensamiento del amanecer era las mismas palabras sancritas resonando en mi interior como si mi mente fuera un molinillo de oración. Desde entonces han transcurrido 13 años. Continúo trabajando por la paz interior mía y de los seres sensibles. Permanezco en la Asociación Lama Gangchen Son de Paz como trabajo voluntario por la paz del mundo, de la que soy la actual secretaria. Me encanta pensar que estoy involucrada en el proyecto de paz de Lama Gangchen, porque creo que eso es lo mínimo que puedo ofrecerle en agradecimiento a lo muchísimo que el ha hecho por mi. He crecido y he aprendido mucho colaborando codo a codo con mis compañeros de camino, empezando por M Jesús del Aguila mi presidenta y mi compi,con la que llevo mas de 10 años de continua vinculación de amistad y de sangha, y continuando por los demás (no voy a citar mas nombres), a los que les doy las gracias por su cariño, su apoyo, su paciencia y su comprensión; he sido y soy muy rebelde, me cuesta someterme a la norma, así que no se cuantas Mª Jesús ha recibido mi noticia de dimisión, que estaba cansada, que queria ir por libre,para al cabo de de los 2 meses mas o menos, regresar a la asociación, como si un misterioso imán me devolviera a mi posición correcta. Finalmente el año pasado, gracias a Lama Caroline en el retiro haciendo las paces con la muerte, entre en una especie de crisis que me condujo a un replanteamiento existencial, y dudas tales como ¿Quién soy?, ¿A dónde voy?, ¿en que creo?, ¿en quien o en que me refugiare cuando llegue la muerte?, saltaron como un resorte frente a mí, y el recuerdo de mis vivencias con el lama me dieron la respuesta a mi trayectoria de todos estos años. De repente, se encendió la bombilla y comprendí. Lama Gangchen es mi maestro, mi amigo y mi gurú. Siempre ha estado listo a escucharme cuando lo he buscado, siempre próximo sin decirme nada pero pendiente de mí, de mis logros, de mi enfermedad. Como un padre, cada vez que viene y me ve cargando con bolsas o paquetes en mis brazos me las quita para llevarlas él o se las pasa a otros compañeros en mejores condiciones fisicas que yo; eso a mi me enternece. Ni una sola vez en cada encuentro, el ha dejado de soplarme en los brazos y manos para sanar mi dolor. Nunca necesité pedirle nada, el lo dá. Dio apoyo a mi pareja cuando se le declaro el cáncer, y no se como lo hizo pero consiguió que para nosotros aquellos meses finales fueran de una armonía mutua que nadie, ni siquiera yo misma, a pesar de lo que había luchado por conseguirla, podía comprender. Rimpoché lo abrazo y le dijo que todo iba a ir bien que el era su amigo y estarían en contacto. Todo lo que le pidió fue escuchar la cinta de Autocuración II, y Patrick, que no había tenido mas conexiones con el budismo que a través de lo que el veía en mi y en mis compañeros, tuvo fe y ambos recibimos el increíble regalo de poder experimentar una muerte de paz. Esto es algo que nunca podré agradecérselo bastante. Gracias a esta experiencia pude desmitificar el transito de la muerte y comprenderlo como parte de la propia existencia. En la retrospectiva de este relato me doy cuenta que en silencio y sin ruido según su costumbre, Lama Gangchen Rimpoché, como el que no quiere la cosa, iba poniendo semillas en mi camino que yo recogía, disfrutaba, y sin darme cuenta, las incorporaba en mi vida. Mis actitudes cambiaban y también silenciosamente, y paulatinamente mi vida se iba equilibrando. En mi entorno familiar ahora hay armonía y podría decir que hasta mi cuenta bancaria se ha beneficiado de mi propia transformación. Dicen que cuando el discípulo esta listo el maestro aparece, y así lo siento yo. Creo sencillamente que fue él quien vino a buscarme a mi, y yo en el barullo ruidoso de mi ritmo, y mis rebeldías, seguí sus pasos sin darme cuenta, que el curso de mi vida había dado un giro de 180 grados... Las personas que me conocen saben muy bien los años que he tardado en llegar a esta conclusión; y lo digo llena de gratitud, porque aunque nunca es tarde esta es la mejor razón para dar mi testimonio en la esperanza de que sea de utilidad para otros caminantes del sendero de la vida. En estos últimos años Lama Caroline(a la que considero altamente cualificada) ha sido un gran apoyo para mí, no solo como transmisora de enseñanzas de Rimpoche sino por su capacidad de amor y de comprensión ante el dolor humano. No quiero cerrar este testimonio sin darle las gracias. El retiro de la muerte fue realmente esclarecedor para mí…. Para finalizar, solo decir que cuando oigo de personas que aun conviviendo con Lama Gangchen Rimpoché día a día comentan de su humanidad, de su sonrisa, de su ternura, y de su paz, y dicen de él que es “cristalino”, yo me siento agradecida y segura por ello y en mi interior, surge un deseo profundo de decirle: “Rimpoché, yo quiero ser como tu “¡¡¡… Dedico este testimonio en beneficio de todos los seres. Madrid,5 de Junio del 2004 |
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